¿Qué cámara uso y por qué?

Cuando me preguntan qué marca de cámara uso y por qué, la respuesta simple es siempre “Nikon” y “porque me gusta”.

Pero no siempre usé Nikon. Y no siempre fue sólo porque me gustara. A lo largo de mi vida como fotógrafo he usado diversas marcas y modelos de cámaras. Unas han caído en mis manos, otras las he comprado intencionalmente; unas me han gustado mucho, otras pasaron sin dejar huella, sin pena ni gloria.
Las primeras cámaras que usé, cuando era niño, fueron todas Kodak, de esas de cartucho 126. No recuerdo qué modelos fueron, pero creo que no importa. Con esos primeros rollos, la mayoría echados a perder, aprendí a revelar.

Algún tiempo después, ya en la preparatoria, una amiga me prestó una Yashica Mat de doble lente réflex. Fue ahí donde empecé a divertirme con la fotografía. En ese tiempo también obtuve acceso al cuarto oscuro de la universidad, así que en cuanto me terminaba un rollo (de 12 exposiciones) corría a revelarlo, prácticamente a la hora que fuera. No puedo decir que de esa época hayan salido extraordinarias fotografías, pero empecé a comprender la luz y aprendí sobre los tipos de revelador que había.

Más adelante, compré mi primera réflex. Fue una cámara Praktica, alemana, que tenía un exposímetro incorporado, aunque no medía la luz a diafragma abierto como las cámaras actuales. Al apretar un botón para medir, se cerraba el diafragma y se oscurecía el visor.  Era una cámara grande y pesada, pero venía equipada con un maravilloso lente Carl Zeiss Tessar de 50mm f/2.8.

Un año más tarde compré una Praktica LTL, que ofrecía algunas ventajas sobre la Super TL, entre ellas, que era más ligera, pero no la conservé por mucho tiempo, pues surgió una oportunidad y cambié ambas cámaras por una Pentax SP1000. Pentax era, en ese momento, una de las marcas más prestigiadas: mejor diseño, mejor ergonomía y mejores prestaciones. Me quedé con la marca algunos años. En el transcurso, cambié la SP1000, de montura de rosca, por una MX, que ya incluía la montura de bayoneta K, que después hizo aún más popular a la marca.

La Pentax MX era pequeña, ligera y con muy alta precisión. Para esta cámara compré también el motor, que me permitía disparar a 5 cuadros por segundo, y estuve a punto de comprar un respaldo especial que me permitía usar un carrete de película para 250 exposiciones. Ahora me alegro de no haberlo comprado. Habría sido un gran problema en mi pequeño cuarto oscuro.
Pentax MX con respaldo para 250 exposiciones.

Con esa cámara empecé a hacerme de lentes. Además del 50mm f/1.7 que traía de tienda, adquirí un 24mm y un 80-200mm. Incluso llegué a tener un 300mm.

Pero para entonces ya había caído en el síndrome de adquisición de equipo (GAS, por sus siglas en inglés) y empecé a investigar sobre otros sistemas. Así compré una Konica TC, que me gustó mucho y que usé mucho, aunque sólo tenía un 50mm y un 90mm, y experimenté con Minolta, con una XG-1, pero nunca pude acostumbrarme a la marca. Vendí esa cámara prácticamente nueva.

Fue en esa experimentación que finalmente pude ahorrar lo suficiente para comprar mi primera Nikon. Siempre había querido una, pero estaban muy fuera de mi presupuesto. Incluso en esa época ya eran mucho más caras que las demás marcas. Pero surgió la oportunidad, tenía el dinero, y la compré: una Nikon FE2. Casi inmediatamente, porque a veces así sucede, me ofrecieron una FE y también la compré.

Poco tiempo después, y sin deshacerme del equipo Nikon, compré una Olympus OM-2, pues me recordaba lo práctico del tamaño reducido de la Pentax MX. Además, Olympus tenía fama de ser muy resistente y confiable. También compré una Olympus OM-1, porque era totalmente mecánica y se podía usar sin baterías, una OM-10 y, finalmente, una OM-4, que era todo un alarde de tecnología que ya incluía un spot meter y una memoria para guardar varias lecturas del mismo. Todo en un lapso de un par de años. Desde luego, compré también lentes para todas ellas.

Cuando Nikon sacó al mercado sus primeras cámaras con autofoco, cambié parte de lo que tenía por una N80, que ya tenía avance automático, aunque sólo a 2.5 fps, y un par de lentes. También compré un grip, pero sólo servía para alargar la vida de las baterías; no tenía disparador vertical.

Todavía en tiempos de la fotografía análoga, compré una Nikon F5, la insignia de Nikon, una cámara robusta y pesada que funcionaba a base de 8 pilas AA. Como segunda cámara, una F100, una chulada de máquina. Tomé muchas, muchas fotos con esas cámaras. Las llevé a todas partes, incluso a la Sierra Gorda y a muchas comunidades rurales en el municipio de San Miguel de Allende. Nunca tuve un problema con ellas. Con esas cámaras usé un 20mm f/2.8, un 35mm f/2, un 50mm f/1.4, un 135mm f/2.8 y un 70-210mm f/4. La mochila, con todo el equipo, pesaba no menos de 10 kilos y, como cuando el camino es largo, hasta el sombrero pesa...

Ya después vino lo digital y sigo con Nikon. En parte, porque ya tenía lentes Nikon, pero en parte, también, porque me acostumbré a la marca. En algún momento de falta de claridad mental (no puedo entenderlo de otra manera), compré una cámara Canon, pero nunca pude acostumbrarme al sistema y volví a Nikon.

Podría enumerar todas las razones por las que pienso que Nikon me convence más que cualquier otra marca, pero daría pie a una discusión bizantina. Es por eso que cuando me preguntan, la respuesta es simplemente: “porque me gusta”.
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