Muerte de un Visionario

De la Apple IIe a la novedosa iPad, Steve Jobs como visionario muy adelantado a su tiempo ha dejado huella en muchos de nosotros.

Cuesta trabajo creer, como suele suceder cuando alguien como él muere, que ya no estará ahí más que en nuestros recuerdos; que aunque sigan sus pasos los muy talentosos empleados de Apple, las ideas, la visión, fueron suyas.

Ahora nos dicen que el fundador de Facebook podría ser el nuevo gurú de la tecnología. Difícilmente. No es lo mismo crear un sitio web, por muy exitoso que sea (¿además, acaso no están ahí también Google y Flickr y Twitter?), que crear un modelo a seguir, una tendencia, un estilo de vida. Porque Apple ha sido eso, justamente. Y todo se debe a él, a su visión, a su manera de romper paradigmas.

Alguien podría decir que con dinero se logra cualquier cosa. En ese caso habría que recordar que Jobs empezó con nada en la cochera de la casa de sus padres (adoptivos, por cierto). Empezó de cero y llegó tan lejos como sólo él podría haberlo imaginado. Y creo que de eso se trata, de echar a volar la imaginación y vivir en congruencia con ella. Y sobre todo, divertirse con lo que uno hace y disfrutarlo. Encontrar en el resultado de nuestros más alocados sueños un motivo para seguir viviendo. Así vivió Jobs: disfrutando con gran satisfacción todos y cada uno de sus proyectos, a diferencia de la mayoría de las personas de negocios, que sólo piensan en las finanzas y en las reuniones del consejo de administración.

Eso me recuerda el título de un libro de Eric Fromm: ¿Tener o Ser? Jobs, sin duda, fue. Llegó a tener mucho, sí, como suele sucederle a toda persona que primero es.
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