Trash the Dress

Siempre hay algo novedoso en el mundo de la fotografía. Una de esas novedades resulta no ser tan reciente, aunque apenas hace poco que ha empezado a hacerse popular. Me refiero a las sesiones fotográficas conocidas como "Trash the Dress" (a la basura con el vestido).

Hay polémica en cuanto al origen de esta moda. Algunos dicen que nació en Las Vegas, Nevada, y que se lo debemos al fotógrafo John Michael Cooper.  Otros aseguran que nació en Inglaterra con el nombre de "Drown the Gown" (ahoga el vestido) y que normalmente se lleva a cabo en o junto al mar. Hay quienes, incluso, dan a esta tendencia un origen trágico, alegando que surgió cuando una novia, a quien el novio ha dejado plantada en el altar, sale corriendo de la iglesia, hacia el mar, se interna en él y muere ahogada. O que, buscando una foto única y espectacular, la novia entra en el mar, donde la corriente la atrapa y, debido al peso del vestido mojado, se ahoga.

Foto de César Guzmán Vázquez | Iconofilia
Lo cierto es que, sea cual sea el origen, hoy se da a esta moda diversos significados mucho más alegres. Por ejemplo, la pareja que, pasado un tiempo, siente que su matrimonio ha logrado la estabilidad que buscan, y decide deshacerse del vestido, simbolizando con ello el que no lo necesitarán más, pues ninguno de los dos volverá a casarse. Otra perspectiva de esto es, simplemente, que la pareja opta por hacer memorable su boda fotografiándose en lugares totalmente contrarios a la solemnidad de un templo. Éstos pueden ser un desierto, un bosque, el mar, una cueva, un panteón de automóviles... la imaginación es el límite.

Y, ¿qué hay detrás de una sesión así? Mucha planeación, tanto de parte de los novios como del fotógrafo. Las sesiones se llevan a cabo en un ambiente de fotografía de glamour, con iluminación muy cuidada y una cuidadosa selección de los escenarios. El principal elemento es la alegría. Es una fotografía alegre, pero no por ello menos retadora.

Iconofilia asume este reto y se lanza con un taller en el que vemos desde la planeación de la sesión, hasta la realización de la misma, pasando por la elección de los entornos, del equipo y del tipo de iluminación apropiada para cada toma. La pareja participa activamente en todo esto. Con el fin de mantener estas sesiones lo más posible como un evento privado, el cupo se limita a 4 participantes, que también hacen las veces de asistentes, escenógrafos o camarógrafos, según sus propias aptitudes. Al final, se regala a la pareja un libro electrónico o impreso con una selección de las mejores fotos del taller.

Para más informes sobre éste y otros talleres, te invitamos a que visites nuestro sitio web: www.iconofilia.com
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